Parece que tengo la decepción en la espalda, porque ciertas
mañanas duele más que la cresta.
A principios de año se me vino la idea de hacer este dibujo.
Desperté varias mañanas con un molesto dolor de espalda y una de ellas apareció
en mi cabeza una frase y una imagen. En su momento no le encontré mayor asunto
no sabiendo qué podía significar, pero con el correr de los meses los acontecimientos
se sucedieron de tal forma que todo comenzó a cobrar sentido. El verano pasado
el Ayahuasca y una amiga bruja me dieron el mismo consejo, casi al mismo tiempo
y casi con las mismas palabras: que tenía que acallar mi intelecto y racionalidad;
algo así como una experiencia a la Jodorowsky, esa de: ¡Intelectual, aprende a
morir! Qué puedo decir, me gusta mi ser racional, es parte de mí, pero es absolutamente
necesario hacerlo guardar silencio de vez en cuando para poder descubrir esa otra
parte nueva (nueva para mí, claro está). De a poco nos damos cuenta que hay un sin
número de cosas dialogando con nosotros, y debemos pensar en otro lenguaje
porque, definitivamente, usan otros códigos, manejan otras lógicas. Extrañamente, las experiencias de este tipo se sucedieron en gran número. Haces, sueñas, dices y
ves cosas que no sabes de dónde vienen, y de pronto te das cuenta que no son
algo nuevo, que estaban ahí desde hace algún tiempo y que sencillamente no les
habías puesto atención. En fin, a veces el arte se nos hace clarividente y no
nos damos cuenta.